Tecnologías educativas y la vigilancia del aprendizaje

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Este post reflexiona sobre la relación entre la educación y la vigilancia y cómo las tecnologías de datos intensivas están reforzando formas intrusivas de asesoramiento a estudiantes. La vigilancia siempre ha sido una actividad vinculada a la educación, la enseñanza y el aprendizaje. En las escuelas, no sólo es importante el contenido. El sistema educativo en su conjunto pretende modificar los comportamientos, sentimientos, posturas y pensamientos de los ciudadanos del mañana. Hasta hace poco, los exámenes y los ojos de los profesores eran los instrumentos para hacerlo.

Con la llegada de las nuevas tecnologías – especialmente las intensivas en datos – y los entornos de aprendizaje con métodos electrónicos, las posibilidades de recolectar datos de los alumnos de forma masiva y automática han crecido exponencialmente. Escuelas Primarias, Institutos y universidades están ahora equipadas con ordenadores, pizarras electrónicas, aparatos de video vigilancia, dispositivos biométricos y un sinfín de gadgets de seguimiento y monitorización. Los sectores educativos están inmersos en la revolución de los datos impulsada por las Tecnologías de Educación. Damos la bienvenida al nuevo paradigma en programas educativos basados en datos, caracterizados por una fe ciega en los datos como factor clave para garantizar el éxito y reducir el fracaso escolar.

¿Cuál es la nueva frontera?

Las analíticas del aprendizaje o Learning Analytics. Se refiera a un conjunto de técnicas y métodos para seleccionar, capturar, medir, agregar, analizar y visualizar información relacionada con los procesos de aprendizaje de los estudiantes en entornos virtuales. Nace de la lógica de la inteligencia empresarial y la minería de datos.

¿Y qué hay del aprendizaje?

El propósito manifiesto es proporcionar mejores experiencias de aprendizaje a través de programas personalizados. Aquellos profesionales que usan las Analíticas del Aprendizaje pretenden generar evidencias masivas para la toma de decisiones, soñado con procesos automáticos de decisión y soluciones. En pocas palabras: espiar más para personalizar mejor.

Como resultado, los entornos educativos podrían convertirse en escaparates donde los estudiantes están totalmente expuestos, su privacidad invadida y su futuro en manos en rutinas clasificatorias y algoritmos predictivos. Y aún peor: en muchos casos los alumnos no son conscientes de ello. Ésta otra cara de la moneda es  lo que llamamos “learningveillance” (vigilancia del aprendizaje en inglés). Existe poca evidencia que demuestre que la recolección de datos personales lleve a mejores decisiones, más rápidas y baratas. Pero aún y así, se implementa. La recolección masiva de datos parece estar exenta de costes pero mientras desarrolladores, profesionales, administradores y los responsables de la toma de decisiones debaten sobre las mejores herramientas de visualización, algunos derechos fundamentales se están infringiendo seriamente.

Y para muestra, tres botones.

a)      La videovigilancia inunda los centros de enseñanza: Tuvimos un ejemplo hace unos meses, en Harvard. La universidad llevó a cabo un estudio sobre abstencionismo en clase e instaló cámaras capaces de identificar las sillas vacías. Las cámaras tomaban fotografías a cada minuto. Ni profesores ni estudiantes estaban al corriente, y no se pidió ningún consentimiento a pesar de ser obligatorio. Quejas y protestas multitudinarias llevaron el caso a dar al vuelta al mundo. Este tipo de prácticas abusivas encubiertas pueden llevar a la resistencia y oposición de los alumnos, como ocurrió con los estudiantes de un Instituto de Massachusetts el año pasado. En el centro prácticamente cuentan con una cámara de videovigilancia por cada 3 alumnos. Los estudiantes abrieron una cuenta de Facebook para explicar al mundo que su objetivo es eliminar las cámaras de los pasillos de la escuela y concienciar sobre la libertad y privacidad. El 60% de los estudiantes dicen que esto genera sentimientos de desconfianza hacia la administración. Y es posible que esto perdure cuando pasen a la vida adulta.

b)      Aplicaciones espía: Las apps también se forman parte del universo del learningveillance. Algunos profesores están asombrados con los sistemas de seguimiento de conducta y generación de informes: un clic por estudiante es lo único que hace falta para crear un informe detallado con los datos del curso o el trimestre. Así se puede reportar de forma exhaustiva y detallada a cualquier interesado, incluso a los propios alumnos y sus padres. Sin embargo, algunos han descubierto que no sólo se monitoriza la actitud de los alumnos en clase, sino que revela otros muchos aspectos de cómo los profesores gestionan sus aulas.

c)       Privacidad y reputación: El caso InBloom. Una organización de Estados Unidos sin ánimo de lucro que ofrecía una solución para almacenar los datos en la nube, perdió a todos sus clientes después de ser incapaz de infundir confianza entre los profesores y padres sobre cuestiones tan importantes como la protección de la privacidad de los estudiantes en cuanto a terceros y quién era el responsable último de los datos. Los legisladores han tardado siete meses a darse cuenta que la privacidad no es sólo un derecho abstracto sino una demanda social. A mediados de enero Obama presentaba la nueva propuesta ley para la Privacidad Digital de los Estudiantes (Students Digital Privacy Act). Con el objetivo de construir confianza entre los trabajadores en educación, padres y estudiantes asegurando que los datos recogidos en el contexto estudiantil sólo van a ser usados con propósitos educativos (o para otros fines previo consentimiento).

 

A pesar de todo, ¿por qué es posible la learningveillance?

Después de todos estos ejemplos, la respuesta es porque la tecnología nos encanta, la amamos por defecto. Se supone que nos solucionará los problemas y hará nuestra vida más fácil, aunque sea a costa de algunos derechos fundamentales. Las tecnologías son meras herramientas y el contrato social sobre los usos, abusos y garantías de las cuáles aún están por construir/definir. Y este es un buen momento para estar alerta de las necesidades urgentes de debate público antes que la integración de datos sea algo común y la electrónica inteligente esté en todas partes. A menos que queramos vivir escenarios distópicos en los que la nevera pite cuando nuestros hijos tienen hambre mientras hacen los deberes o nos informe de cuántas veces han bostezado en clase.

¿Qué soluciones plantea Eticas?

Desde Eticas definitivamente decimos SI a los beneficios de las soluciones tecnologías para entender mejor las necesidades de los alumnos y sus procesos de aprendizaje, PERO innovando responsablemente. Las oportunidades de negocio en base al nuevo oro necesitan cumplir ciertas condiciones y garantías. La anonimización por un lado y las evaluaciones de impacto por otro, son soluciones reales y útiles que permiten la innovación tecnológica sin menoscabar el derecho a la privacidad.

  • La anonimización: En el contexto del Big Data, los beneficios de analizar la información masiva disponible son conocidos, pero el respeto por la privacidad es uno de los grandes retos. Proteger las identidades de las personas parece la mejor forma para avanzar en el campo del análisis y el acceso a los datos por parte de agentes implicados o afines al sistema educativo. Pero mucho recorrido falta aún para generar técnicas de anonimización robustas. La más conocida, el “hashing”, es una práctica común aunque no impide la re-identificación. En general, por desconocimiento se considera que el hashing es suficiente para anonimizar datos lo cual es erróneo y arriesgado.
  • La evaluación de impacto societal: Por otra parte, evaluar el impacto de las innovaciones tecnológicas y los potenciales usos de las tecnologías existentes. Entender los desafíos de las innovaciones va más allá de la privacidad, la propiedad de los datos o el almacenamiento en la  nube. Entender las externalidades también tiene debe cuestionar cuán de deseable es la learningveillance y si es socialmente aceptable, sin olvidar que puede plantear problemas éticos y quizá estemos creando a ciudadanos desconfiados. Vigilar intensivamente desde el jardín de infancia puede crear ciudadanos desconfiados, debilitando, como poco, la futura cohesión social.

La  metodología que impulsamos desde Eticas significa cuestionar la vigilancia del aprendizaje como forma educativa en cualquier fase de desarrollo. Prever nuevos escenarios, abordar los actuales y aprender de los problemas de consentimiento de Harvard o la falta de confianza de InBloom pueden ayudar a proporcionar soluciones y respuestas proporcionales maximizando beneficios y minimizando efectos colaterales. ¿Queremos que nuestros hijos aprendan a vivir en un escaparate, bajo la atenta mirada de ojos electrónicos, pizarras digitales y exámenes on-line?

En definitiva, esto es un llamamiento a imaginar el mundo que queremos para mañana y empezar a darle forma hoy. Cuando la tecnología y la sociedad se encuentran pueden pasar cosas increíbles. Aseguremos entonces que son las mejores soluciones a nivel legal, ético y social en sentido amplio.

 

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